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¿Se puede saber si alguien tiene VIH solo con verlo? Desmintiendo mitos

Con la revisión médica de Elizabeth Cueto, M.D.
Artículo escrito por Anna Angulo Rivero
Publicado el 1 de abril de 2025

¿Se puede saber si alguien tiene VIH solo con verlo? La respuesta es simple: no, no se puede saber si alguien está infectado con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) solo con verlo. Un 60 por ciento de las personas con VIH no tienen señales visibles de la enfermedad, ni al inicio ni con el tiempo.

Cuando sí aparecen síntomas, pueden parecerse a los de otras enfermedades comunes, como fiebre, sarpullidos en la piel o cansancio. Otras veces se presentan signos menos visibles, como la ansiedad o la depresión. Por eso hacerse la prueba del VIH es tan importante. Es la única manera de saber si alguien tiene el virus.

 

¿Cómo es la apariencia de una persona con VIH?

La apariencia de alguien con VIH es como la de cualquier otra persona. El VIH en sí no cambia la apariencia. Solo en las etapas más avanzadas de la infección, cuando no se toman los medicamentos antirretrovirales, pueden aparecer algunas señales visibles como úlceras bucales o heridas en la piel. 

A pesar de este hecho, todavía existe el mito de que todas las personas con VIH parecen enfermas. 

¿Por qué existen estos mitos?

Aunque hoy sabemos mucho más sobre el VIH que hace cuatro décadas, la desinformación sigue siendo un gran problema. Estos mitos hacen que muchas personas con el virus sufran discriminación y miedo, o que las personas en los grupos de alto riesgo no quieran ni hacerse la prueba. Según ONUSIDA, las personas con VIH que sienten rechazo social tienen 2.4 veces más probabilidades de no recibir atención médica hasta que ya están muy enfermas.

Uno de los mitos más difíciles de eliminar es que las personas con VIH son un riesgo para los demás. Esto se debe en gran parte a la falta de información sobre cómo se transmite el virus. Además, desde que empezaron a aparecer los primeros casos a principios de la década de los 80, los grupos de alto riesgo se relacionan con conductas y prácticas sexuales no normativas que parte de la sociedad percibe como una amenaza a la moral tradicional. Estos grupos incluyen hombres que tienen sexo con hombres, trabajadoras sexuales, personas que comparten jeringas y mujeres transgénero.

Sin embargo, cualquier persona que tenga relaciones sexuales sin protección puede adquirir el virus. De hecho, el 53 por ciento de las personas que viven con VIH en el mundo son mujeres (este dato incluye a la población del continente africano, donde el porcentaje de mujeres que viven con VIH es más alto que en otras partes del mundo).

Además, es incorrecto pensar que el VIH se contagia como un resfriado o una gripe. La transmisión del VIH solo puede suceder por contacto con algunos fluidos corporales como la sangre, el semen, la leche materna y los fluidos vaginales. Por lo tanto, la enfermedad no es contagiosa, sino transmisible. Si la persona con VIH está en terapia antirretroviral (TAR), y si se toman algunas medidas básicas de higiene, se puede convivir con alguien seropositivo sin riesgo de infectarse.

¿Se puede transmitir con besos o por usar el mismo vaso?

El VIH no se puede transmitir por besos ni al compartir vasos. Tampoco se puede transmitir por la picadura de un mosquito o por sentarse en el mismo baño. De hecho, si la persona con VIH está en tratamiento y tiene una carga viral indetectable, incluso las relaciones sexuales suelen ser seguras, aunque siempre debe consultar con su médico sobre sus prácticas sexuales y su carga viral. 

Se han logrado grandes avances en las últimas décadas para mejorar la calidad de vida y minimizar el riesgo de transmisión del virus en personas que viven con VIH, aunque esto varía según el país. Hoy en día, con el tratamiento adecuado, las personas con VIH tienen una esperanza de vida casi como la de la población general y cada vez hay más gente que puede llegar a la vejez.

Las señales del VIH 

La infección del VIH tiene varias etapas, y cada una tiene características particulares: 

La primera etapa o etapa de infección aguda sucede cuando la persona entra en contacto con el virus y éste se empieza a multiplicar. Después de este contacto inicial, se pueden presentar síntomas como fiebre, dolor muscular, de garganta o de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos o sarpullidos en la piel. Aunque también, como se mencionó antes, puede que no sienta nada.

Una vez que el sistema inmunológico comienza a producir anticuerpos, el virus se estabiliza y comienza una segunda etapa llamada infección crónica o latencia clínica, en la que las personas generalmente se ven sanas y pueden no presentar síntomas evidentes, aunque el virus continúa multiplicándose en el cuerpo. Sin terapia TAR, esta etapa puede durar hasta diez años o más, aunque esto puede variar mucho. Con la TAR, esta fase se puede prolongar indefinidamente, y es posible alcanzar una esperanza de vida similar a la de personas sin el virus, especialmente si se inicia de forma temprana.

La etapa más visible: el sida

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es la última etapa de la infección. El sistema inmunológico está dañado y sin la medicación adecuada, las personas corren el peligro de enfermar gravemente con lo que se llaman infecciones oportunistas. 

Algunas de estas infecciones son la candidiasis (infección por hongos), el herpes (infección por un virus), la tuberculosis (infección por una bacteria en el pulmón) y ciertas neumonías (infección que inflama los pulmones y llena los alvéolos o sacos de aire de líquido o pus, lo que dificulta la respiración). Son también comunes la pérdida de peso y ciertos tipos de cáncer como el sarcoma de Kaposi, tipo de cáncer que causa lesiones en la piel, en las mucosas (como la boca) y en órganos internos causado por el virus del herpes humano tipo 8 (VHH-8).

Sin embargo, las personas que reciben TAR suelen reportar subida de peso. Es uno de los efectos secundarios más comunes de algunos de estos medicamentos, sobre todo en personas que nacieron con sexo femenino. Pero los beneficios de un tratamiento adecuado superan por mucho este problema que se puede manejar con apoyo de su médico.

Lo que no se ve

La infección del VIH se puede comparar metafóricamente con un iceberg. La punta visible es una persona de apariencia sana, pero bajo el agua se esconde la mayor parte de lo que significa vivir con VIH. 

Además, más personas con VIH o con alto riesgo de contraerlo suelen tener mayores problemas de salud mental y de abuso de sustancias que la población en general. De forma desproporcionada, las personas con VIH, y sobre todo las mujeres afrodescendientes con VIH, sufren ansiedad y depresión. Lógicamente, si las personas están ansiosas o deprimidas, son más propensas al abuso de sustancias y a abandonar la terapia. 

Para empezar a romper este ciclo, un primer paso es luchar contra el estigma, los mitos y la desinformación. Un estudio reciente reveló que si las personas que viven con VIH se sienten apoyadas por su comunidad, sufren menos niveles de ansiedad y depresión. Como dice un miembro de myHIVteam, “el estigma del VIH lo fomenta el silencio”.

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En myHIVteam, la red social para personas con VIH y sus seres queridos, más de 43,000 miembros se reúnen para hacer preguntas, darse consejos y compartir sus experiencias con otras personas que entienden cómo es vivir con VIH. 

¿Le preocupa que los demás puedan darse cuenta de que vive con VIH nada más con mirarlo? ¿Sufre de depresión, soledad o ansiedad? No está solo. Hable, infórmese y comparta sus experiencias, dudas y consejos en la página de Actividades

 

Elizabeth Cueto, M.D. se graduó del Instituto Politécnico Nacional en la Ciudad de México. Más información sobre ella aquí.
Anna Angulo Rivero es escritora y traductora con pasión por la ciencia y la comunicación médica. Más información sobre ella aquí.
Todas las actualizaciones deben ir acompañadas de texto o una imagen.
Todas las actualizaciones deben ir acompañadas de texto o una imagen.

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